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Viaje a Sevilla & Maratón

Giralda de la Catedral de Sevilla

Este viaje se gesta tres meses antes, cuando tomo la decisión, sin mucho meditar, de correr mi primer maratón en asfalto. Hasta ese momento sólo había realizado carreras de 10km y de medio maratón (21,097 km) y decidí que ya tocaba dar el salto a la distancia de maratón (42,195 km).

Para debutar en esta distancia quería hacerlo con las condiciones más favorables posibles y por eso me decante por correr el Maratón de Sevilla, considerado el maratón más plano de todo Europa, y además la ciudad se encuentra a nivel del mar. Y de paso quería volver a visitar esta ciudad después de muchos años.

Para llegar a Sevilla desde Madrid opté por ir en tren AVE, la opción más cómoda, rápida y a precios asequibles si se reserva el billete con bastante antelación. Tras llegar a la Estación de San Justa me dirijo al recinto ferial para recoger el dorsal, y después inicio mi periplo turístico por la ciudad.

Empiezo por la Plaza de España, posiblemente el monumento sevillano más admirado por los turistas. Un monumento construido para la exposición universal de 1929 en el que se encuentran representadas todas las provincias españolas, y lugar que se presta a la grabación de escenas de películas, series o anuncios de televisión, cómo Star Wars o Juego de Tronos.

Tras el paso por la Plaza de España y Parque de María Luisa me dirijo a la zona más céntrica para visitar los monumentos emblemáticos de la ciudad hispalense, la Torre del Oro, el Puente de Triana, la Catedral con su Giralda o la plaza de toros de La Maestranza.

Estanques y Jardines del Real Alcazar de Sevilla

Con este primer paseo por la ciudad hispalense llego hasta el Hotel Zaida donde me alojo estos días. Un pequeño descanso en la habitación y para terminar la jornada me dirijo a tomar algo al Rinconcillo, el bar más antiguo de Sevilla, en pié desde 1670. Un bar concurrido que mantiene su solera y donde la cuenta se realiza con tiza sobre la barra. Yo me decanté por tomar algo casero, una tapa de carrillada de cerdo ibérico en salsa.

Ya volviendo al hotel y cómo aún tenía algo de hambre paré en el restaurante Ignacio Vidal, un restaurante moderno con buen servicio y buenas tapas con su punto de elaboración. Yo opté por un exquisito tataki de atún.

La mañana del día siguiente la dedicaría a conocer el Real Alcázar, imprescindible en una visita a Sevilla. El recinto esta compuesto por fastuosas estancias con diferentes estilos arquitectónicos, predominando el mudejar. Recorrí algunas de estas estancias y palacetes, así como sus patios. Y terminé dando un paseo relajante por sus amplios jardines y estanques.

Posteriormente comida en La Brunilda, restaurante de cocina creativa con tapas de autor, que incluso las torrijas que me tomé tenian su toque y presentación original. Y para asentar la comida, otro breve paseo por la ciudad hasta llegar a la Plaza de la Encarnación, donde se encuentra el espacio Metropol Parasol, más conocido cómo las Setas de Sevilla por la forma característica de su enorme estructura de madera. Una estructura sólida sobre la que se puede caminar por sus pasarelas y disfrutar de unas espléndidas vistas de la ciudad.

Setas de Sevilla

Para terminar el día previo al maratón, estuve buscando desesperadamente restaurantes italianos para engullir un buen plato de pasta y carbohidratos. Pero todos los que vi estaban llenos y con largas colas de espera, debido al ansía viva de los runners por los codiciados hidratos de carbono recomendados para afrontar un día de gran esfuerzo físico. Yo me tuve con forma con un plato de arroz negro en una bar normalito.

Finalmente llegó el Día D, el 21 de Febrero de 2016, el día señalado para enfrentarme al reto de correr mi primer maratón. Me levanté pronto para desayunar con cierto margen de tiempo antes de la carrera y porque tenía una caminata previa de media hora para llegar al Estadio de la Cartuja.

Mí único objetivo era acabar el maratón, por lo que empecé corriendo a ritmos muy tranquilos (por encima de 6'/km). Iba disfrutando del ambiente de los kilómetros iniciales con gran cantidad de público animando y corriendo junto al Río Guadalquivir. Posteriormente llegaron unos kilómetros de transición con poco publico que transcurrían lejos de la zona céntrica de la ciudad.

Me planté muy cómodo en el medio maratón y durante un buen rato estuve siguiendo el globo para acabar el maratón en 4h. Había un nutrido grupo de corredores apelotonados tras este globo, haciendo un poco complicado el moverse a gusto, y cómo me veía con fuerzas decidí apretar y subir el ritmo de carrera colocándome por delante del globo. Y así fueron cayendo los kilómetros hasta llegar a los lugares más emblemáticos de la ciudad y donde se agolpaba muchísimo público, dando continuos ánimos a los corredores para llevarles en volandas hasta en ansiado sueño de cruzar la meta. Disfruté muchísimo de estos kilómetros, el ambiente era espectacular, lo cual me ayudó a afrontar el cansancio y la batalla psicológica de la última parte del maratón, donde se llevan muchos kilómetros acumulados en las piernas.

Maratón de Sevilla a su paso por la Plaza de España

Finalmente entré en el Estadio de la Cartuja con un gran entusiasmo, alegría y emoción de ser finisher en mi primer maratón. Y lo mejor es que en ningún momento fue un suplicio o sufrimiento, todo lo contrario, disfruté a tope de estos 42 kms cómo nunca pensé que lo haría. El tiempo en meta era lo de menos, pero aún así conseguí una excelente marca de 3:56, que ni en mis mejores pronósticos hubiera imaginado bajar de las 4 horas.

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Tras tomar la cervecita al llegar a meta y recomponerme un poco me volví al hotel con una gran sonrisa por el reto superado. Una ducha y a recuperar energías en el restaurante Galería Museo frente al hotel con una completa ensalada, una cazuela de potaje y un tiramisú de postre. El resto de día reposo y descanso en el hotel.

Plaza de España

La mañana siguiente al maratón estuve dando un último y tranquilo paseo por el centro de la ciudad. Piqué algo de comer en la curiosa taberna Álvaro Peregil de dimensiones reducidas, donde el cuarto de baño consiste en un pequeño armario. Tomé unas migas y unos chicharrones acompañados de un exquisito vino de naranja, que nunca antes había probado. Me dirigí a la Plaza de España que tanto me había gustado y me tumbé relajadamente en el Parque de María Luisa, hasta que llegaba la hora de ir a la Estación de Santa Justa y coger el AVE de vuelta a Madrid.

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