Costa occidental de Cantabria

Más allá de algunos de sus lugares más conocidos, Cantabria esconde una costa llena de pequeños rincones, playas, acantilados y pueblos que merece la pena recorrer sin demasiadas prisas. Durante nuestra escapada por Asturias aprovechamos un par de días para acercarnos hasta la zona más occidental de Cantabria y descubrir algunos de estos lugares.
Nuestro punto de partida fue la Posada Rural La Peña Casares, en La Revilla, donde hicimos el check-in y dejamos las cosas antes de empezar a recorrer la zona. Una ubicación perfecta para desconectar y movernos cómodamente por esta parte de la costa cántabra.
La primera parada gastronómica fue la Taberna Valles, donde nos dimos un buen homenaje con gambones, zamburiñas y un entrecot de vaca frisona. Producto sencillo, bien preparado y perfecto para empezar la escapada con energía.
Después de comer nos acercamos hasta la playa de Merón, una extensa playa abierta al Cantábrico, ideal para dar un paseo junto al mar y disfrutar de la costa con tranquilidad.
Para terminar el primer día nos acercamos hasta Yepah!, un chiringuito con muchísimo ambiente junto al mar, mesas sobre la hierba y música en directo.
Allí acompañamos el atardecer con sidra, papas aliñadas y un bocadillo de pastrami de ternera ahumada. Una combinación perfecta para terminar el día de forma informal, con buen ambiente y vistas al Cantábrico.
Al día siguiente comenzamos la jornada con un paseo por la playa de Oyambre, una de las playas más bonitas de esta zona, rodeada de prados y con una de esas panorámicas en las que el verde y el azul parecen competir por el protagonismo.
Desde allí seguimos hasta Gerra, donde hicimos una parada en La Terrazuca de Gerra. El sitio merece la pena simplemente por las vistas: la playa, San Vicente de la Barquera y, en los días despejados, los Picos de Europa cerrando el paisaje en el horizonte.
Nos sentamos a tomar unas cervezas mientras disfrutábamos de la panorámica. Muy cerca se encuentra también El Rayo Verde, otro lugar muy conocido de la zona, con un ambiente más informal y food trucks.
Después continuamos hacia uno de los paisajes que más nos sorprendieron de la escapada: las rías de Tina Mayor y Tina Menor. El mar se adentra entre acantilados cubiertos de vegetación creando rincones que por momentos recuerdan a pequeños fiordos.
Para terminar la ruta nos acercamos hasta El Fogón de Pechón, donde volvimos a rendir homenaje a la gastronomía local. Tomamos zamburiñas a la plancha, mejillones con salsa, gambas al ajillo y callos, y rematamos la comida con una tarta de queso.
Esta pequeña escapada nos dejó con ganas de seguir descubriendo esa Cantabria menos conocida: la de los prados que llegan hasta el mar, las playas salvajes, los acantilados, las rías y esos lugares en los que merece la pena parar simplemente porque el paisaje invita a hacerlo.
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