Orbaneja del Castillo
Hay pueblos en los que el agua acompaña el paisaje, pero en Orbaneja del Castillo lo atraviesa por completo. Una cascada entre casas de piedra, pequeños puentes sobre el arroyo y callejuelas que invitan a seguir caminando convierten este rincón de Burgos en una escapada muy especial. Nosotros nos quedamos admirados viendo cómo el agua encontraba su camino entre las casas.
La cascada de Orbaneja del Castillo fue lo que más nos sorprendió de la visita. Nos quedamos un buen rato contemplando los distintos saltos, el musgo que cubre la piedra y las casas asomando por encima. En las fotos se aprecia lo bonito que es el lugar, pero allí el sonido del agua hace que la experiencia sea todavía mejor.
Siguiendo su recorrido aparecen las pozas de tonos verdes y turquesas, otro de los rincones que más nos gustaron. Entre los puentes de piedra, los reflejos y los pequeños saltos, cuesta decidir desde dónde hacer la siguiente foto. Merece la pena detenerse y observar cómo cambia el agua de un tramo a otro.
Después continuamos el paseo por las callejuelas entre casas de piedra. Nos gustó especialmente encontrar el arroyo tan integrado en el pueblo: junto a las fachadas, bajo los puentes y entre rincones que hacen que te pares continuamente. Aquí el agua forma parte del paseo tanto como las propias calles.
Los balcones de madera, las fachadas y los desniveles dan mucho encanto al recorrido. Nuestro consejo es dejar un rato para pasear por el pueblo más allá de la cascada, mirando también hacia las paredes rocosas que lo rodean. Es fácil concentrarse en el agua y olvidarse de levantar la vista.
Durante el paseo también nos acercamos a ver el Beso de los Camellos, una curiosa formación rocosa que se contempla desde el pueblo. Su nombre se entiende al reconocer dos siluetas que parecen acercar el hocico. Además, el hueco que dejan recuerda al contorno de África. Una de esas formas que, una vez que las encuentras, cuesta dejar de ver.
Después del paseo llegó el momento de sentarnos a la mesa. Nosotros elegimos Casa Estela, donde comimos de menú del día a un precio que nos pareció bueno. Una parada gastronómica para completar la escapada después de recorrer el pueblo.
Entre lo que pedimos hubo revuelto de boletus, asadurilla y chuletón a la piedra, y terminamos con tarta al whisky. Un final contundente para una mañana entre cascadas, callejuelas y miradores.
Si queréis organizar una visita parecida, nuestra propuesta es sencilla: cascada y pozas, paseo por las calles, una parada para buscar el Beso de los Camellos y comida en el pueblo. Sin necesidad de llenar el día de planes, Orbaneja del Castillo tiene mucho que ofrecer.
Nosotros nos quedamos con esa imagen del agua corriendo entre las casas de piedra. Habíamos ido a conocer Orbaneja del Castillo y acabamos pasando buena parte del tiempo parados, mirando la cascada y buscando otro ángulo desde el que fotografiarla. Una escapada que disfrutamos tanto paseando como sentados a la mesa.
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